¿Qué hace un catalán en paro en un pueblecito a 100 km de donde Buda perdió la sandalia?

He llegado aquí para colaborar con ASSIST, una ONG india que ayuda a las comunidades rurales desde su base, y, por qué no, también para conocer la cultura del país, ver su situación y viajar un poco. Lo demás ya vendrá...

Si queréis consultar la web de la ONG:

www.assist.org.in

En la sección About us/Strategy os podéis hacer una idea aproximada de cómo trabajan.

¡Bienvenidos!


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Chilakaluripet, Guntur District, Andra Pradesh, India

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miércoles, 27 de julio de 2011

Visita a la fundación Vicente Ferrer


La Fundación Vicente Ferrer, conocida en India como RDT (Rural Development Trust) trabaja de forma intensiva en el distrito de Anantapur, con una población de unos 2.5 millones de personas si no me equivoco. 



Lo cierto es que ya escribí en la entrada en el pasado, durante algunos ratos en que no funcionaba la electricidad en la oficina (algo muy común por otra parte, aunque allí por lo menos tienen un generador que suele suplir los numerosos cortes). Sin embargo, durante un día en que yo me encontraba fuera se mandó al personal humilde limpiar la oficina, y me tiraron todos los papeles que tenía en la mesa (a pesar de que estaban ordenados y mezclados con una bolsa con fotos y una agenda). Pillé un cabreo del copón, pero como no fue ni la primera ni la última me lo intenté tomar con filosofía. A veces los indios desafían cualquier tipo de lógica humana y creo que en esos casos serían capaces de desesperar por igual al más inteligente o al más paciente. En mi caso me considero con un nivel alto de paciencia y os garantizo que a veces me han venido ganas de cargarme a toda la población india. He llegado a la conclusión de que la mente india es educada en una cultura muy diferente a la nuestra –por lo general, más diferente cuanto menos educada- y que por lo tanto en ocasiones sus razonamientos nos son indudablemente inescrutables. En esas ocasiones no queda otra que echar mano de la paciencia. Suele ayudar el pensamiento de que no lo han hecho con mala intención.

Bueno, por suerte o por desgracia, a causa de esa pequeña tragedia estoy escribiendo esta entrada por segunda vez, con lo cual creo que me extenderé menos.



Fui a Anantapur en tren, un viaje pintoresco no demasiado confortable y marca de la casa. Durante el viaje me sucedió algo que aquí me ocurre a menudo: el no saber las intenciones de la gente. En España en seguida sueles calar si alguien te está timando o es buena persona, pero aquí a priori es difícil, ya que en ocasiones te equivocas (más para bien que para mal, por suerte). Así, en el tren tenía a un tipo delante que entabló conversación contigo. El tipo iba intercambiando miradas de complicidad con otro pasajero que yo tenía al lado, e incluso alguna sonrisa sospechosa que no supe interpretar y no me gustó. Así que en todo momento tenía controlada mi mochila, situada encima de mí. Sin embargo, ambos resultaron ser muy majos después. Con el hombre que tenía delante tuve una larga e interesante charla sobre varios temas, ya que era ex-profesor y por tanto tenía un nivel de cultura considerable.

Al llegar a la estación de destino se me ofrecieron varios rickshaws. El más insistente me pedía 150 rupias por el viaje al campus de RDT, a pesar de que yo sabía que ese trayecto no valía más de 35. Así se lo dije, y el tío con todo el morro me seguía pidiendo más de 100. Al final fui con otro vehículo por 40, ya que me agota regatear y más con los indios. Son negociantes feroces y sobre todo muy astutos e insistentes, lo cual hace que en ocasiones les termine pagando más de lo que valen las cosas para no estar 10 minutos más de tira y afloja por medio euro. 



Así que llegué al campus y uno de los vigilantes –que no hablaba ni papa de inglés, para variar- me acompañó a la habitación. Casi se me saltan las lágrimas cuando me encontré en el pequeño apartamento, sencillo pero limpio y acogedor, y sobre todo cuando vi el baño recién reformado con un váter inmaculado, tan limpio que, como dicen en “La chaqueta metálica”, hasta la Virgen podría haber descargado en él con la cabeza bien alta. Espero que no se ofenda ningún creyente, pero los que han estado aquí saben que encontrar algo así en India en cualquier lugar que no sea un hotel de lujo es casi un milagro, así que cuando lo haces dan casi ganas de postrarse y adorar el váter en cuestión y erigir una estatua a su injustamente anónimo fundador (¿Monsieur Le Vater, quizá?).



Bueno, pasando a cuestiones más serias, después de desayunar me acerqué a la oficina, donde una guía india hablaba en un español muy correcto a dos señoras que habían venido a visitar a su apadrinado. En este sentido lo tienen muy bien montado, cuidan muy bien a los padrinos ya que estos son el motor económico de la fundación, y éstos vuelven encantados con las visitas, que ya son impresionantes de por sí.

El caso es que me quedé estupefacto viendo hablar tan bien castellano a una mujer india, máxime cuando donde estoy es difícil que hablen inglés. Creo que me quedé tan sorprendido que me costaba hablar con ella. ¡Por no hablar de cuando me preguntó de dónde era! Al decirle que era de Barcelona, automáticamente se me puso a hablar en un catalán igual de bueno, con lo cual mi estupefacción me dejó paralizado y creo que en aquel momento hablaba ella mejor que yo.



Después otro indio que hablaba igual de bien el catalán y el castellano me enseñó la sección donde más de 70 indios traducen las cartas de los 140.000 niños apadrinados del telugu al español, ayudados y adiestrados por profesores voluntarios de España. Por lo visto algunos de ellos aprendieron algunas nociones de catalán de algunos voluntarios, y luego por iniciativa propia lo fueron perfeccionando. Encomiable…

Tuve una interesante charla con este joven indio, a través de la cual vi que en RDT usan un método de trabajo integral con las comunidades muy similar a ASSIST.





Durante los tres días que estuve de visita en la fundación me acoplé o bien a una señora de Madrid que venía a ver a su niño apadrinado o bien a un arquitecto catalán y una señora que trabajaba con él y lo acompañaba. 



Vimos varios proyectos muy interesantes, como hospitales (la sección de uno dedicada exclusivamente a enfermos de SIDA), un colegio, centros de trabajo de discapacitados, una “fábrica” de compresas donde trabajaban mujeres…





Una visita muy interesante fue a un colegio donde había también niños con discapacidades como ceguera, sordera o parálisis cerebral leve. Entre ellos también vi perfectamente integrados a niños albinos, que son muy impactantes por su piel y cabello blanco, sobre todo por el contraste con sus compañeros. Fue muy curioso cuando nos contaron que los niños con discapacidad superaban en calificaciones a sus compañeros, y muy conmovedor saber que las nuevas generaciones de esas niñas, que antes vivían ocultas del mundo en sus casas, a veces incluso atadas, condenadas al analfabetismo y a volverse literalmente locas, esas niñas que antes nadie habría querido, ahora empezaban incluso a casarse, ya que por sus capacidades podían encontrar buenos trabajos y por lo tanto eran ambicionadas (desgraciadamente, el sistema de castas y los matrimonios arreglados hacen que en muchos casos estos matrimonios nos parezcan un negocio a los occidentales).



Otra visita muy impactante fue a un centro de niños con discapacidades varias o serias. En buena parte, porque al llegar varios de ellos se nos echaron a los brazos. Los niños indios son por lo general bastante abiertos, pero obviamente no estoy acostumbrado a ningún contacto físico con ellos, por lo cual fue aún más conmovedor. Estos niños en concreto me generaban en especial lástima, pero por otra parte también era bonito pensar que allí estaban bien cuidados y que además les hacían juegos y actividades diseñados para que lo pasaran bien y avanzaran todo lo posible teniendo en cuenta su desventaja. Las monjas y empleados que trabajaban allí se ganaron mi más profunda admiración. Hay que ser muy fuerte para trabajar con este tipo de niños tantas horas cada día. Trabajar con niños ya es agotador, yo ya terminaba exhausto tras un par de horas de enseñarles taekwondo… Esas personas tienen que ser extremadamente fuertes. Me parece que yo no podría hacerlo.



Durante esta visita el arquitecto catalán, que ha ido durante años a Anantapur para ayudar con el tema de los apadrinamientos, me contó una historia terrible que confirma mi opinión de que ciertos dogmas impuestos por las tradiciones, la religión y la cultura sólo deben mantenerse cuando no son perjudiciales. Me contó que hacía varios años una amiga había apadrinado a una niña,  que contrajo una grave enfermedad. La madrina se ofreció a pagar el tratamiento, pero la familia de la niña, en concreto la abuela, se oponía, no sé si por motivos religiosos o culturales. El arquitecto me contó que cada año veía a la niña más débil y enferma. Llegó un momento en que la situación era tan grave que la madrina, desesperada, se ofreció a pagar el billete de la niña a España, el tratamiento y todos los demás gastos. La familia se negó en redondo. Al final, la niña murió, por estúpidas e inútiles creencias mantenidas por ignorancia.



Por último, también me gustó ir a ver un proyecto llamado “de mujer a mujer” donde mujeres occientales dan una pequeña cantidad que se destina a grupos de autoayuda de mujeres indias. Como las otras, la visita estaba muy bien montada, y daba gusto escuchar los testimonios de las diversas mujeres traducidos por la guía al español. Contaron cosas como que antes sus maridos no las dejaban ni salir de casa, y no hablemos de trabajar, pero que ahora las apoyaban porque traían ingresos al hogar, y que estaban de acuerdo en llevar a sus hijas a su escuela. Recuerdo que una dijo que no había podido ir a la escuela, pero que ahora sus dos hijas iban y estaba muy orgullosa. Los malos tratos también habían disminuido, ya que la dominación de la mujer en estas comunidades se basa en buena parte en su dependencia social y económica (sobre todo si son iletradas, ya que desconocen por completo sus derechos), y en que viven con la familia del marido, con lo cual se encuentran en clara indefensión respecto a cualquier abuso.





La sociedad india es, en mi humilde e ignorante opinión, muy injusta con las mujeres, a las que cargan con la responsabilidad de la familia, que son las que sostienen buena parte del país, y al mismo tiempo son relegadas a un papel miserable y sumiso. 

Por último, me entrevisté con Ana Ferrer, la viuda de Vicente Ferrer, de quien ha tomado el apellido supongo que por su procedencia británica. Se trataba de una mujer que transmitía fuerza y amabilidad a partes iguales. Por desgracia, la entrevista trató básicamente sobre mi voluntad de hacer un voluntariado con ellos, y no pude hablar con ella más a fondo de otros temas, también en parte porque no le quería robar más tiempo del necesario. 

Y eso es todo por ahora... Próximamente la siguiente entrega.
Y un poco de humor para terminar...


martes, 12 de julio de 2011

"Hindi" birthday to you

Ayer fue mi cumpleaños, como ya sabréis...

En la ONG se propusieron hacerme olvidar lo lejos que estaban mi novia, mi familia y mis amigos con una celebración a la india, compartiendo pastel, tratándome a lo ministro ¡y con música de fondo! En los vídeos podéis escuchar su peculiar versión del Happy Birthday... Fueron muy majos.

Después de eso hablé un rato del proyecto que he desarrollado para la ONG, hay un vídeo donde también podéis escuchar mi maravilloso acento Hindispanglish hablando del tema.

A la hora de cenar, fui a Chilakaluripet con la directora de proyectos, una coordinadora y el chófer a cenar. Ese día también hablé un rato con mi novia y mi familia, así que fue bastante completo... No me puedo quejar. Me sorprendió la gran cantidad de gente que me escribió en Facebook, con algunos de los cuales no hablaba desde hacía mucho.

Estos días estoy bastante ocupado, pero a ver si puedo actualizar el blog con las visitas que faltan en breve. ¡Un abrazo a todos!

Vídeo 1

Vídeo 2

Vídeo 3












martes, 21 de junio de 2011

Visitas a proyectos (I)

Al cabo de poco tiempo de llegar aquí ya empecé a participar en algunos eventos que me permitieron ver un poco los proyectos que la organización está llevando a cabo. Son sólo una pequeña parte claro, ya que trabaja en un total de 350 pueblos aproximadamente.



Por lo visto, tras un acto social en el que asistí el director-top vio algunas fotos que había hecho y le gustaron, así que me propusieron documentar fotográficamente muchos proyectos y zonas sobre las que faltaban fotografías que poder usar tanto para el departamento de documentación como para la web u otras finalidades. Y yo, por supuesto, encantado.

Entreteniendo a los niños
 He hecho muchas visitas, quizá quince o veinte días los he pasado fuera de la oficina, así que no tiene sentido describirlas una a una. La dinámica solía ser la misma: me levantaba pronto por la mañana, cogía el coche (normalmente en compañía de algún trabajador), y tras un trayecto de entre una y tres horas nos plantábamos en la zona que fuera, donde el coordinador de área nos esperaba. A veces me sentía un poco como si fuera el rey de visita, ya que a menudo el resto del personal y los aldeanos me trataban en esa línea. Teresa ya experimentó un poco la sensación que se tiene cuando te sientan en una silla a la sombra y te sirven un refresco (para ellos un lujo) mientras a tu alrededor permanecen de pie al sol, incluyendo viejetes achacosos, o bien que alguien te siga con un paraguas en la mano cubriéndote del sol, como si fueras el papa, Berlusconi o el malogrado Michael Jackson.
Teresa, escoltada por un paraguas
Así, al llegar a la zona en cuestión la mecánica suele ser dar un paseo por el pueblo, fotografiando las cosas llevadas a cabo por ASSIST (Una escuela, letrinas, una planta de tratamiento del agua, un puente, un pozo, una presa, etcétera), así como los problemas que persisten (casas en mal estado o a medio construir, condiciones antihigiénicas, falta de drenaje de las aguas residuales, etc.). A veces, ha habido interacción con los aldeanos; en muchas ocasiones, he tomado vídeos a lo entrevista que tal vez puedan ser usados más adelante (son en telugu claro, y hay que traducirlo y subtitularlo). La verdad es que en muchos casos no sabes qué decirle a la gente, aunque ellos se encargan de hacerte llegar sus peticiones. Hecho esto, ¿qué puedes contarles? Yo no tengo ningún poder aquí, así que no les puedo prometer nada, como mucho que la organización hará lo que esté en su mano, lo cual es una promesa más bien pobre. A veces te sientes un poco impotente. Los problemas de esta gente son tantos y tan claros, pero los recursos para arreglarlo son limitados. 

No hacen falta palabras...
De todas formas, algo que me ha sorprendido es que, incluso en los lugares más desfavorecidos, reina un clima de dignidad y de agradecimiento, e incluso,  en ocasiones, de buen humor; aunque a veces las imágenes hablan por sí mismas y te puedes hacer una idea de las condiciones en que viven y de lo dura que debe de ser su vida. En comparación, la nuestra es un sinfín de innumerables lujos, desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir. Incluso comparadas con las de la gente de clase media/alta de aquí, nuestras condiciones de vida son un cúmulo de lujos.

Casa para dos personas en Yerraveni Chenchu Colony
 
Volviendo a los pueblos que he visitado, sin duda lo que vale más la pena y declina la balanza para que te marches con más alegría que tristeza son los niños. A pesar de las  condiciones en que viven, los niños indios destilan una alegría de vivir genuina que escasea entre los nuestros, a menudo agobiados ya por la vida a temprana edad. La mayoría, tras un rato de adaptación, fácilmente te devuelven una sonrisa, entre tímidos y encantados, y te observan con fascinación mediante miradas tan inocentes como intensas, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta que muchas veces eres el primer hombre blanco que ven. Y lo de hombre blanco no es sólo una expresión, aquí la gente es muy oscura de piel, a menudo tanto como los africanos, pero con las curiosas facciones de los indios.

¿Dónde está Wally?
A menudo, al final de la visita viene el momento pachá, en que te sientan en una silla mientras ellos permanecen de pie, y te obsequian con un refresco, galletas, etc. Al cabo de un rato, lo normal es meterse de nuevo en el coche y desplazarse hasta otra población significativa.

Otro momento pachá, incluyendo viejete en posición de firmes y Sprites
Una vez descrito esto, que sería la tónica general de las visitas, me centraré en describir los aspectos más importantes.


Las escuelas

Escuela de verano para niños absentistas o que necesitan refuerzo


En la India hay un significativo porcentaje de niños que no van a la escuela de forma continuada. Si bien la educación es obligatoria entre los 5 y los 14 años, en la práctica hay numerosos factores que pueden influir para que no se lleve a cabo: aldeas aisladas sin colegio, demasiado alejadas de colegios del gobierno, falta de información de los padres, que no valoran la educación, situación laboral de los padres en que ambos trabajan y por lo tanto se llevan a los niños con ellos, trabajo infantil, cuidar de los hermanos pequeños, migraciones, etc.

Escuela construida y financiada por ASSIST
 La organización lleva años luchando contra ello, tanto en pro de la escolarización como en contra de la abstención escolar y el trabajo infantil. Con este fin, ha llevado a cabo distintas actividades. En muchos casos, el principal obstáculo para ayudar a la gente es la gente misma, que por desconocimiento, tradición o simple resistencia al cambio se niega a aceptar la ayuda por las alteraciones que genera. En el caso de la educación, desgraciadamente esto también ocurre. En ocasiones los padres, que no han sido escolarizados, no son conscientes de la importancia de la educación, y privan de ella a sus propios hijos siguiendo el modelo recibido. 

Un ejemplo de trabajo infantil

Otras veces son muy pobres y los ponen a trabajar para contribuir al sustento familiar, u otras veces no pueden llevarlos a la escuela, tienen que llevarlos con ellos o migran constantemente en busca de trabajo, con lo cual no tienen una residencia estable. Así, en estos casos el primer problema a superar es la actitud de los padres. En muchos casos, la única solución, aparte de una sensibilización y concienciación constante que tarda en dar sus frutos, es una pequeña contribución económica a la familia, además de garantizar el almuerzo de los escolares. De este modo, todos los padres verán como una ventaja el que sus hijos vayan a la escuela, lo cual unido a los efectos de la concienciación ayuda a disminuir mucho el absentismo escolar. 

Ese día no había clase... ¡¡¡Pero fueron a la escuela para verme!!! No me extraña, aquí soy una gran atracción...


ASSIST ha construido muchos TEC (Transitional Educational Centers), que funcionan como escuelas para que los niños puedan incorporarse después a la enseñanza secundaria. En otras ocasiones, se trata de centros donde los niños viven durante todo el curso escolar y reciben educación, ya que en ciertas áreas es la única manera de garantizar su asistencia a las clases. En estos casos, reciben además una formación esencial sobre buenos hábitos de higiene y nutrición, así como una alimentación adecuada y cuidados necesarios que aseguren su buena salud. También centros de cuidado infantil, donde los padres pueden dejar a sus hijos de 3 a 5 años al ir a trabajar, y desde los cuales luego se intenta colocar a los niños en colegios del gobierno. 

Reunión de seguimiento después de finalizar el curso.
Por otra parte, la organización también intenta ayudar a los adolescentes y jóvenes que han quedado descolgados de su educación y que, de otra forma, quedarían condenados a efectuar trabajos poco cualificados y remunerados. En estos Vocational Training Centers, entre docenas y cientos de alumnos elegidos viven durante seis meses, a la vez que estudian y aprenden una especialización que les pueda garantizar un buen empleo después: informática, trabajo de laboratorio, textil…Después se controla su salida y se intenta promocionarlos mediante contactos con el gobierno y empresas privadas. 



 

lunes, 13 de junio de 2011

Vacaciones con Teresa: Goa


Una de cal y una de arena, así que ahora toca un poco de diversión recordando la última parte del viaje con Teresa.

 
El domingo por la mañana llegamos, después de dormir como pudimos en el tren nocturno, a la estación de Madgaon, en Goa. Allí intentamos conseguir un rickshaw barato, pero en esa zona el gobierno lo tenía controlado, así que sólo había un servicio de taxis por unos 12 euros, lo cual era bastante caro. Dos individuos con una apariencia que no suscitaba confianza extrema nos ofrecieron a Teresa y a mí llevarnos en moto (uno en cada cacharro) por ¡un euro! cada uno. Pero entre el mal rollo que nos generaban y el potencial peligro de la situación (no tenían casco, no sabíamos cómo conducían, si las carreteras era peligrosas, y todos sabemos cómo es el tráfico aquí), preferimos gastar una cantidad aceptable en un taxi que asegurara razonablemente el mantenimiento de nuestra integridad física.

Tras tres cuartos de hora por una carretera solitaria (¡inaudito!) en los que nos emocionamos viendo bonitas laderas con árboles y sin basura a la vista (¡inaudito!), llegamos a la playa de Agonda. 

Dios mío, qué estrés de playa...


Una vez allí, empezamos el show de ir a un sitio, encontrar al encargado (eran las siete de la mañana), que nos mostrara la cabaña, negociar el precio (y entre ellos, la comisión, de forma descarada y ante nuestras narices), hablarlo Teresa y yo, decir que no… Fue una lástima porque los sitios chulos que habíamos visto por internet estaban llenos a pesar de que era fin de temporada. Por lo visto estaba casi todo cerrado, así que escaseaban las habitaciones libres. Al final llegamos a un lugar que nos pareció aceptable. Nos enseñaron una habitación y nos prometieron cambiarnos más tarde a otra que estaba en una cabaña elevada. Nos pareció algo cutre pero razonable para el precio (12 euros la noche), y después del tute de la noche anterior en tren y de ver sin éxito varios sitios bastante peores decidimos quedarnos. Estábamos encantados con la elección de la playa, enorme, muy bonita, tranquilísima y casi desierta, y con nuestra cabaña, muy sencilla pero con una terracita que daba al mar, lo cual era como un sueño hecho realidad (ayyy… qué ganas de volver a un sitio así). 

Nuestra cabaña delante del mar
Más estrés


El hombre de ahí era muy comunicativo y simpático, al preguntarle por actividades para hacer enseguida nos sacó un panfleto de una salida en barca con avistamiento de delfines y una actividad con elefantes. Ambas cosas me hacían una ilusión tremenda, ya sabía de su existencia pero se las había mantenido en secreto a Teresa para sorprenderla. El hombre nos dijo que podíamos hacer esa misma mañana la actividad de los delfines, lo cual aceptamos algo apabullados pero contentos.

Barca típica de pescador
Pescador típico de barca

Así que cogimos otra vez una embarcación de pescadores, con dos hombres que nos llevaron. Los delfines los avistamos saliendo muy poco de la superficie y a lo lejos, aunque vimos un par de saltos. Nos imaginábamos algo un poco más interactivo, pero supongo que al ser animales salvajes tampoco podíamos pedir que nos saludaran sonriendo con la cabeza fuera del agua y que hicieran triples mortales con tirabuzón por encima de la barca como si estuviéramos en el Aquapark. 

El único dichoso delfín al que pude sacarle la cabeza
Butterfly beach?
Impresionante ver ese paisaje con las águilas volando cerca
Teresa y el guijarrito
  
Después la barca nos llevó a dos calas pequeñas y muy bonitas, y por el camino vimos a varias águilas marinas volando muy cerca e incluso cayendo a plomo sobre el agua para salir volando de nuevo con un pez entre sus garras. Fue genial, sólo por eso valió la pena coger la barca. Disfrutamos como enanos y yo aproveché mi nuevo y flamante teleobjetivo para sacar a esos magníficos animales docenas de planos cercanos y estupendas fotos, que en el momento imaginaba poco menos que dignas del National Geographic… si no fuera por que salieron casi todas desenfocadas. Dado que mi objetivo es bastante sencillo no enfoca bien con objetos que se mueven tan rápido, y además por un error mío en el modo fotográfico, sólo algunas han quedado aceptables. Pero el bonito recuerdo está perfectamente nítido en nuestras mentes.

¡Mira por dónde vuelas!

La única foto aceptablemente enfocada



Después de disfrutar una deliciosa comida en el restaurante, sobre todo por unas gambas con masala tremendas, alquilamos una moto y nos dedicamos a recorrer un poco la costa. 
Teresa sin saber que le esperaban unas deliciosas gambas masala

Aunque habíamos contado con chóferes que nos movían de un sitio a otro, esas horas en moto fueron de lo mejor del viaje. La sensación de libertad, diversión y complicidad era increíble. Fuimos a una ajada fortaleza/mirador que había por allí, y luego a Palolem, una playa muy famosa y considerada de las más bonitas de Goa. Habíamos estado mirando alojamientos allí, y por poco margen nos decantamos finalmente por Agonda. Al llegar a Palolem dimos gracias a la patrona de los turistas felices por no haber reservado en un hotel de allí. Aquello era una especie de Salou a la india: una calle principal con una tienda de souvenirs detrás de la otra y, lo peor de todo, una playa ocupada de punta a punta por chiringuitos, restaurantes… y llena de gente.
La "preciosa" playa de Palolem
Unas barcas fotografiadas por Teresa
 
Dimos una vuelta por ahí, y compramos varios souvenirs, tarea para la cual Teresa exhibió de nuevo sus habilidades combativo-regateadoras, ganando casi todos los  enfrentamientos por K.O. absoluto, y consiguiendo muy buenas compras, a veces a mitad del precio inicial. Tuvo mérito porque la gente de las tiendecitas era encantadora, pero bajo su agradable sonrisa y su comportamiento servicial se hallaban siempre férreos contrincantes. Tuvimos un pequeño susto ya que yo, que no estoy hecho para ir de tiendas y me saturo un poco después de la tercera, perdí el casco en algún momento. Por culpa de ello tuvimos que repetir el recorrido a la inversa, y encontramos felizmente el casco en una de las paraditas.

Llegamos a tiempo para cenar en el restaurante que llevaba nuestro “amigo” del hotel. No nos dio muy buena espina porque el hombre nos insistía mucho en que tenía pescado fresco y que si lo queríamos para cenar, y que nos lo podía servir en el momento, pero no decía más. Allí Teresa le preguntó el precio, y, oh sorpresa, resulta que valía el triple que una cena normal. Estaba bueno, pero la comida nos había gustado más por mucho menos.

Al día siguiente planeábamos realizar la actividad de los elefantes. Después de lo de la cena, y de que finalmente aquella la mañana no nos hubieran cambiado a la cabaña que nos habían prometido, no nos fiábamos mucho y le preguntamos varias veces al hombre sobre el precio, qué se hacía, dónde era, etc. Insistimos sobre todo en el precio, que nos confirmó al 100%.

Así que a la mañana siguiente nos levantamos pronto y cogimos el taxi que nos esperaba para llevarnos allí, tras una hora y media de viaje. Por el camino, el conductor ya nos adelantó un sobreprecio de la actividad que no esperábamos. Al llegar vimos a tres elefantes allí plantados, impresionante, pero la alegría no duró mucho ya que sólo llegar nos pedían ¡¡¡cuatro veces el precio que nos había dicho el tío del hotel!!! Así que intentamos negociar con ellos, luego con el conductor, que no tenía nada que ver, y finalmente llamamos al del hotel. Su excusa era que no sabía nada (vaya excusa más insultante, ni que fuéramos idiotas), y se limitó a pedir disculpas sin ofrecernos solución. Así que al final negociamos la actividad por 2.5 veces el precio esperado y sin la comida ni la visita a la plantación (cuando nos lo vendió el del hotel, nos dijo que era un lugar salvaje, como un bosque). La actividad se redujo a un paseo montados en elefante de unos 10 minutos por un camino cutre, y luego a meterse en el río con un elefante y lavarlo (a pesar de que los guiris anteriores ya lo habían dejado reluciente), para, posteriormente, subir a su grupa y ser duchado varias veces con agua fría por la trompa del elefante. 


Las sensaciones finales fueron contradictorias. Por un lado, nos sentíamos un poco estafados y desilusionados, y daba lástima ver cómo esos imponentes animales eran obligados a hacer las mismas payasadas para los turistas una vez tras otra. Veías claramente que lo que quería el bicho era estirarse en un lado y que lo dejaran en paz. Por otro lado, no nos queríamos amargar la experiencia, y ver tan de cerca, y tocar y acariciar a un elefante no tenía precio. Por mi parte, me gustaría repetirlo pero esta vez con garantías, no tanto por el precio como por la actividad.
El pobre bicho disfrutando de unos momentos de paz
Con su "cuidador"
Desenfocados pero contentos

Como al salir de allí era aún pronto para volver, decidimos aprovechar el chófer, y acordamos con él un nuevo precio para la visita a Old Goa, la antigua capital. Old Goa era una mezcla un poco extraña de típica ciudad india y colonia portuguesa, ya que tenía amplios paseos, iglesias y catedrales de estilo occidental, todo ello encajado entre los típicos edificios indios, bajos, apiñados entre ellos y ajados. Era bastante chocante entrar en una catedral cristiana en la India, y encima verla llena de indios, claro, y todos haciendo fotos y bastante ruido a pesar de los carteles exigiendo lo contrario. Allí visitamos también el museo arqueológico, que nos permitió aprender un poco más sobre el país y que fue lo que más nos gustó de la ciudad. 
El cartel más ignorado de la historia...


La hora de comer se convirtió en un periplo, ya que a pesar de la supuesta fama de Goa en cuanto a comida y pescados, no encontrábamos ni un restaurante un poco decente, sólo alguno tremendamente cutre, hecho polvo y sucio, por mucho que buscábamos y preguntábamos. Al final entramos en uno 100% auténtico, cutrillo per aceptable, y nos sirvieron, como en muchos lugares de aquí, directamente al sentarnos, una bandeja de metal con un poco de arroz, varios pescados y salsas. Teresa apenas tocó su plato (no la culpo). Tras una plegaria a la patrona de los turistas sin diarrea, yo me lo comí y terminé el plato. Encontré que no estaba mal después de todo, aunque tampoco era para tirar cohetes. Lo más sorprendente fue el precio: menos de un euro por cabeza. 


Al volver al hotel cogimos los bártulos y nos mudamos a otras cabañas en la misma playa, ya que para ese día sí tenían sitio y era donde queríamos ir de inicio. El cambio fue brutal: una habitación grande y elegante, todo limpio, personal muy atento y amable, aire acondicionado, tumbonas y hamacas con toldo en la playa, armario, sábanas limpias… Estábamos tan bien que ya no nos movimos de allí en toda la tarde. 

Por la noche fuimos a un guiri-restaurante que nos habían recomendado en el hotel, donde tomamos la mejor cena de todo el viaje: thai noodles y calamares a la plancha, delicioso, con acompañamiento, y aderezado por el sonido del mar.
Foto de Teresa, "fetichista" de sillas y bancos

Meditando sobre la etimología de los Chupa Chups

La mañana siguiente era la última que estábamos juntos, así que nos dedicamos a disfrutar esas postreras horas de mutua compañía y luego comimos en el mismo restaurante de la cena anterior. Después, acompañé a Teresa al aeropuerto, y tras los inevitables adioses, besos, abrazos y lágrimas volví hecho polvo al hotel.

Por la noche me dediqué a hacer el friki y, después de la última cena en nuestro restaurante preferido (donde me comí unos gambones tremendos), me acerqué a unas rocas que había localizado, cruzando buena parte de la playa en plena noche. Allí intenté poner en práctica los cursos de fotografía que voy siguiendo (gràcies Noe), con todo tipo de vicisitudes y problemas, incluyendo el agotamiento de la batería cuando llevaba unos veinte minutos de la foto definitiva. Así que al final entre una cosa y otra necesité casi tres horas para la foto, ya que el tiempo de exposición de ésta sola era ya de cuarenta y cinco minutos. Cometí varios errores, pero a pesar de ello el resultado final no es tan malo para ser la primera foto nocturna “seria”.



Después de dormir un par de horas, el taxi me llevó al aeropuerto de Goa, desde donde volé a Mumbai y de ahí a Hyderabad. Este vuelo llegó con más de una hora de retraso, con lo cual casi pierdo el último, Hyderabad-Vijayawada, ya que era un billete distinto. Lo más divertido fue que en el primer control pasé la mochila como equipaje de mano, y en el segundo me pillaron una navajita que llevaba allí y tuve que facturar. Al llegar corriendo para pillar el tercer vuelo me metieron bronca (a lo cual les respondí sin complejos que culpasen a la compañía aérea, faltaría más) y al preguntar si podía facturar la mochila me dijeron que no había tiempo y que si llevaba algo prohibido lo tirase. ¡Sí hombre! Con lo cual no tuve más remedio que llevarla como equipaje de mano y pasarla por el escáner cruzando los dedos… Pero por suerte, el aburrido guardia apenas le echó un vistazo a la pantalla y ni se inmutó, así que pude conservar mi llavero. Unas 12 horas después de dejar el hotel de Goa, llegaba a la oficina de Chilakaluripet, cansado, y deprimido por separarme de nuevo de mi pareja, y porque aquel oasis de buenos ratos que tanto habíamos disfrutado hubiera terminado. Pero al cabo de unos días me recuperé, y aquí seguimos al pie del cañón…